El interés social detrás de la elección


Por Pablo Oyarzun, filósofo y director Iniciativa Bicentenario de la U. de Chile


La información sobre las oportunidades laborales y las expectativas de ingreso es sin duda un factor importante a la hora de elegir una carrera. Sin embargo, considerarlo el factor determinante puede provocar grandes distorsiones, tanto en el plano individual como social. En el plano individual, porque al convertirlo en el motivo principal de elección se suelen sacrificar otros intereses de gran relevancia para la realización personal. En el social, porque las carreras que ofrecen desventajas comparativas en cuanto a los ingresos ―a menudo muy pronunciadas― quedan seriamente afectadas en la captación de talentos, con el consiguiente daño para los intereses sociales. Basta pensar en el caso de las pedagogías y la mayoría de las carreras técnicas.
Es probable que nadie elija sus estudios superiores basándose únicamente en esta perspectiva. También se tienen a la vista otros factores como capacidades, habilidades y aspectos vocacionales. En consecuencia, cuando se enfrenta la necesidad de optar por una carrera siempre se da algún ejercicio de reflexión para ponderar diversos elementos. Sin embargo, este ejercicio se ve limitado con frecuencia por las consideraciones económicas. Por ello es importante ampliar la reflexión incorporando explícitamente otros factores a la deliberación.
Pero esto no es fácil. En nuestro sistema educacional se tiende a naturalizar la idea de que todo apunta a obtener una preparación que tenga buenas perspectivas laborales acompañadas de ingresos más o menos significativos. Se genera así un círculo que hace girar todo el proceso educativo en torno al factor económico y el interés individual, anulando el mercado social del trabajo y el mercado educacional. Esta es sin duda una aguda restricción del sentido mismo de la educación, que debiera preparar no sólo recursos humanos para el mercado, sino personas con la capacidad de reflexionar críticamente sobre los asuntos políticos y sociales. Individuos que reconozcan y respeten la diversidad social y las diferencias de creencia y género; que se interesen y solidaricen con los otros, tengan sensibilidad para el cuidado del medioambiente, y se comprometan con la democracia y la igualdad de derechos en todos los planos.
Todos hablan de la importancia estratégica que tiene la educación para el país y sus expectativas de desarrollo. Pero el desarrollo no se debe centrar sólo en el crecimiento económico. Eso apunta a formar capital humano altamente calificado para el mercado del trabajo, confiando en que la preparación ofrecida implique buenos rendimientos para los individuos, en la medida en que aporten a la creación de riqueza económica. Sin embargo, ésta no es más que un medio para las riquezas que verdaderamente cuentan para la calidad de la vida humana: riqueza en diversidad de formas de vida, cultural, de relaciones y medioambiental. Por lo demás, está probado que el crecimiento económico requiere de capacidades y destrezas múltiples, no sólo ligadas al emprendimiento de negocios, y que en el largo plazo sólo es sustentable si se pone al servicio de una profundización de la democracia y ampliación del interés social.
Por eso, es fundamental que quienes se encuentran en la encrucijada de optar por una carrera miren más allá de sus intereses individuales y no se centren sólo en sus expectativas económicas, sino que tomen en cuenta además de sus capacidades e intereses, sus deberes y responsabilidades éticas, políticas y culturales con la sociedad.


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